A veces pasan siglos entre dos amaneceres

¿En dónde está la salvación? ¿Lo sabes? ¿Vuela, corre, descansa, es árbol, nube? ¿Se la coge a puñados, como al mar, o cae sobre nosotros en el sueño sin despertar ya más, igual que muerte? ¿Nos salvaremos?

miércoles, mayo 11, 2005

Obispos blasfemos

El pasado viernes la llamada Conferencia Episcopal hizo pública una abominable nota contra la reciente ley de matrimonios homosexuales. Resultan enteramente ofensivos para un cristiano los planteamientos de estos señores altivos y poderosos, sobre los que comentaré lo siguiente:

1) Según los obispos, la nueva ley regula civilmente el matrimonio "de una manera desconocida hasta ahora para la Humanidad".

Ya me parece bien que nos adentremos en lo "desconocido". Lo que conoce la Humanidad y lo que, lamentablemente, ha caracterizado su historia de siglos no nos es útil si aquello a lo que aspiramos es a ser, en el futuro, lo que los humanos no hemos sido hasta hoy: hermanas y hermanos libres y felices.

2) La curia rechaza la ley por razones antropológicas. Según ella, la nueva definición legal de matrimonio supone "una flagrante negación de datos antropológicamente fundamentales".

No sé qué datos serán ésos para los obispos, pero para un cristiano el ÚNICO dato antropológicamente fundamental es el amor: el amor a Dios y el amor a nuestros semejantes, la necesidad que tenemos de darlo y de recibirlo, que es lo que hace de nosotros personas. No hay otro.

La visión antropológica de la curia es radicalmente anticristiana. Lo que piensa acerca de la mujer y el hombre, de la naturaleza de ambos, de su potencial y su destino, entra de lleno dentro de lo que son las adherencias históricas y culturales que, a lo largo del tiempo, ha sufrido el mensaje liberador de Jesucristo, usurpado por carceleros del alma que fingen hablar en su nombre y tienen la osadía de presentarse ante el mundo como lo que no son.

Lo que en este asunto comprobamos, una vez más, es que los obispos viven de espaldas a la realidad del amor, experiencia santa y purificadora que les es completamente ajena. De ahí que sean incapaces de entender sus caminos anchos y plurales, de ver a Jesucristo, su palabra y su ejemplo, en el amor de dos que sienten una mujer por una mujer y un hombre por un hombre, en el amor también que, juntos, desean dar a un niño. Por supuesto, Jesucristo, en todo momento y de modo incondicional, está en y con quienes aman. No hay nada antinatural en el amor para él. Jesucristo bendice e ilumina a todos los que aman. De ellos, de, por ejemplo, tantas parejas de lesbianas y de gays, podría la curia aprender mucho sobre el amor.

3) Según los obispos, la ley que regula civilmente el matrimonio es "una autentica subversión de los principios morales más básicos de orden social".

Alejada de Jesucristo, la curia es incapaz de ver que, precisamente, las enseñanzas del Hijo de Dios van dirigidas a la subversión de todos los órdenes en los que el amor no es una gozosa realidad, los espirituales en primer lugar e, igualmente, los sociales. Nada hay más subversivo que el amor. Quienes esperan la llegada de su Reino, esperan el advenimiento de un nuevo orden. Los cristianos combaten el orden social existente mediante el amor y para que el amor sea un hecho para todas y todos.

4) Los señores de la Conferencia Episcopal piensan "con dolor" en "el perjuicio que se causará a los niños entregados en adopción a esos falsos matrimonios".

Los obispos, falsos discípulos de Jesucristo, lo que deberían hacer ante todo es pensar en el mal a menudo irreparable que ellos y quienes han seguido sus dictados han causado, durante siglos, y todavía siguen causando en el presente, a millones de niños y adolescentes, violentados obligatoriamente por enseñanzas que nada tienen que ver con la palabra y el ejemplo de Jesucristo, y que han hecho de ellos criaturas mutiladas y dóciles, incapaces de rebelarse espiritual, moral y socialmente contra lo que en verdad ofende y hiere a Dios (la ausencia de amor).

¿Qué perjuicio generará en los niños el amor que recibirán de sus padres homosexuales? Ninguno. El amor no perjudica. El amor cura y eleva. Incapaces de darlo y de recibirlo, incapaces de reconocerlo allí donde con más intensidad brilla (en el corazón de los ofendidos en el tiempo), los obispos hacen referencia a personas que aman en términos insultantes. La única unión falsa a los ojos de Jesucristo es aquella en la que no hay amor.

En su completa, patológica y anticristiana falta de sensibilidad y de compasión, la curia, sierva de la criminal cultura de la homofobia, olvida inmoralmente el atroz padecimiento de millones de seres humanos, lesbianas y gays, condenados a la humillación y a la estigmatización (en decenas de miles de casos, incluso condenados al martirio y al suicidio). Jesucristo ama a las víctimas de la homofobia. Las abraza y las consuela. Los homosexuales son hijos de Dios. ¿Han escuchado los obispos, con el corazón limpio, a lesbianas y gays? ¿Saben de su dolor y de sus anhelos?

5) La corrompida cantinela que brota de las bocas llenas de bilis de los obispos no obliga a NADA a los cristianos. Los cristianos no obedecen a la curia. Siguen sólo a Jesucristo: aman a Dios (un Dios de alegría, belleza y luz) y aman a sus hermanas y hermanos (comenzando por aquellas y aquellos que lo tienen peor, aquellas y aquellos a quienes el mundo niega la posibilidad de la alegría, la belleza y la luz). Los cristianos aman a los homosexuales y celebran emocionados la consecución de sus derechos, no olvidando a quienes no pudieron gozar de éstos en el pasado.