A veces pasan siglos entre dos amaneceres

¿En dónde está la salvación? ¿Lo sabes? ¿Vuela, corre, descansa, es árbol, nube? ¿Se la coge a puñados, como al mar, o cae sobre nosotros en el sueño sin despertar ya más, igual que muerte? ¿Nos salvaremos?

domingo, junio 05, 2005

No, a menos que sea de verdad

Éste es, en lo esencial, mi planteamiento respecto a TODO ahora mismo, principalmente ante las relaciones interpersonales. Nunca fueron conmigo la vida en sociedad y las chistosas cosas que uno acaba haciendo en ella, pero, desde hace bastantes años, mis posiciones en este asunto se han radicalizado de modo natural. Por supuesto, esto no significa que ya no crea en los demás, que es exactamente lo que, con el tiempo y la experiencia, les tiende a suceder a tantos. De hecho, creo mucho en los humanos (o sea, creo ciegamente en el potencial a todos los niveles que hay en cada uno de nosotros). Por este motivo prefiero no verlos convertidos en pálidas sombras, criaturas orgullosa y agresivamente agarradas a lo que les ha sido ofrecido como único recurso para no reventar, en el contexto de una existencia insoportable en su condición de burla y mentira. Para conocer a gente que funciona de determinada manera y me ofrece su peor cara, aquella más determinada culturalmente, prefiero encontrar la belleza y la poesía en un libro. Me siento infinitamente menos solo en la compañía de Dante Alighieri que charlando sobre Iker Casillas o sobre el último disco de Perico de los Palotes con no sé quién, y siendo felado por una señorita muy activa sexualmente, pero a la que, en realidad, no le importo nada y a la que trae sin cuidado mi problemática experiencia. Que pase lo que tenga que pasar, de acuerdo, pero que sea algo real y genuino (no me comas el nabo; mírame a los ojos y a ver si eso nos cambia por dentro). Y como nada hay más real y genuino que el amor y la amistad, no estoy para "rolletes" y "colegas". En la mayoría de casos, el trato entre personas ya no es sino el inercial, acrítico seguimiento de un ritual impuesto y preestablecido, orientado a la consecución de lo que nuestra civilización más valora y a nosotros más nos interesa lograr (ritual que asfixia toda posible espontaneidad y creatividad). No puedo sentirme más alejado de esta triste historia hoy imperante.