A veces pasan siglos entre dos amaneceres

¿En dónde está la salvación? ¿Lo sabes? ¿Vuela, corre, descansa, es árbol, nube? ¿Se la coge a puñados, como al mar, o cae sobre nosotros en el sueño sin despertar ya más, igual que muerte? ¿Nos salvaremos?

miércoles, julio 27, 2005

Que la suerte te acompañe (el estado, sin vergüenza)

Mientras estaba en Madrid, leí un anuncio del Organismo de Loterías y Apuestas del Estado publicado el 14 de julio en "El País" (supongo que también apareció en las páginas de otros diarios españoles). Su texto decía lo siguiente: "El próximo sábado, ex más grandes. Premio Especial de 5.000.000 euros al décimo. Cada semana hacemos más ex que nadie". Los "ex" a los que se hacia referencia aparecían en la enorme fotografía del anuncio: una majestuosa e idílica playa en la que diversas personas nadaban, jugaban, paseaban, hacían jogging... A un lado de las imágenes de estos humanos, unas palabras especificaban la condición de cada uno de ellos: ex-correveydile, ex-madrugadora, ex-deprimido, ex-tímido, ex-agobiada, ex-envidioso y ex-malhumorado. O sea, dejaron de ser lo que habían sido hasta entonces cuando Lotería Nacional cambió sus vidas para bien.

Dos aspectos del mencionado anuncio llamaron poderosamente mi atención:

1) Que a los ciudadanos de a pie, todavía no bendecidos por un décimo premiado, se nos considere correveydiles, madrugadores, deprimidos, tímidos, agobiados, envidiosos y malhumorados. Aunque nos hallamos aquí ante una lúcida y pertinente descripción del puto mundo real en su dimensión más terrible, sorprende que el estado ya nos diga sin tapujos: "estimado pueblo soberano, esto es lo que hay", y que no trate de darnos una imagen más amable de la existencia en sociedad (por ejemplo, el hombre y la mujer de la calle podrían ser cultos, civilizados, respetuosos, dialogantes, solidarios, etc.).

2) Que el mismísimo estado afirme explícitamente que sólo podremos dejar de ser correveydiles, madrugadores, deprimidos, tímidos, agobiados, envidiosos y malhumorados si nos hacemos millonarios, y millonarios, en este caso, mediante las loterías que él gestiona. Y que lo haga un estado ahora mismo gobernado por socialdemócratas.

Se ha perdido ya todo, comenzando por la vergüenza. El estado (hoy en manos de los socialistas) no aspira a hacer pedagogía de determinados valores y formas de vida, en la perspectiva de lo que podrían ser modificaciones sociales a medio-largo plazo. De modo contrario, se mueve cómodamente en la inhumana selva capitalista, de la que es dócil y necesario siervo. Somos nosotros, los que la padecemos (y de qué manera), quienes tenemos un problema. Suerte que nos queda Lotería Nacional.